NOSOTROS EN EL CUYAGUATEJE.

NOSOTROS EN EL CUYAGUATEJE, del genial Nicolasito Guillén Landrián. estreno dentro del ciclo dedicado a este autor en www.telebemba.com. Disfruten de un auténtico cineasta, de un poeta.
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# Enviado el viernes 16 de mayo de 2008 21:04

POR QUÉ NO ME INTERESA LA HISTORIA.

POR QUÉ NO ME INTERESA LA HISTORIA.
POR QUÉ NO ME INTERESA LA HISTORIA.

Zoé Valdés.

La historia no me interesa para nada, como no sea para escribir novelas. Me dan igual las fechas, los datos precisos, y los nombres; como no sea para inventar lo que desearía narrar en la ficción. No soy historiadora, ni científica, aunque me protejo mal de la ironía de la razón. Porque según Poincaré al final de cada una de sus ecuaciones lo estaba esperando la poesía. La historia la hacen los escritores, dijo Ezra Pound, e inmediatamente después se volvió loco. Es probable, soy insomne, no me siento confortablemente cómoda con mi lucidez; y me gusta estrellarme en el riesgo, es probable que delire a gusto. El que no arriesga no falla. Y como declaré hace poco en el blog El Imparcial Digital, de mi amigo Eufrates del Valle, sospecho de mis extraños y dudosos frecuentes estados de claridad. No invierto energía alguna en ser lúcida, no aspiro a la exactitud, mucho menos a la transparencia en literatura. En literatura, prefiero la sombra absorbida por la mucha luz. Quizá por eso escribí un poemario titulado Todo para una sombra; sí, es la frase que más se repite en el Ulises de Joyce.

No escribo novelas que hagan soñar, huyo de los versos radiales para oír y acompañar la tarea de pintarse las uñas de los pies, no estreno agendas para recordar sucesos y rememorar artilugios. Yo sueño para escribir, no escribo para soñar. Ninguna palabra potente se parece al estado idílico del sueño, en los sueños se conservan las verdaderas raíces de las palabras. Soy soberanamente imprecisa. Mi equilibrio es el desequilibrio. Amo la sensual impertinencia de Nabokov, la sutileza criminal de Dostoievski, el estado de soborno en que nos sumerge Proust, un autor más bondage que snobista. O ambas cosas. Me apasiona la locura estrafalaria de François Rabelais, la vehemencia de Stendhal, y el misterio caótico de Flaubert, me faltarán autores por citar. Todo eso es para mí la historia, pura y revuelta, subversiva y sensible. De mi cosmos hago mi caos, y a la inversa. Soy exigente con la creación, y subrayo creación; porque datos, glosarios, e índices, abundan por doquier, sin embargo, de creatividad, locura, y pasión carece cada vez más el mundo. Y yo busco constantemente, afiebrada, la desazón, el desasosiego que inauguró Pessoa.

Hoy conversaba con dos mujeres, la poeta y pintora Laure Fardoulis, y una amiga suya. Ellas se preguntaban si quedaba alguna revolución por hacer. Y yo, que en lo que menos creo es en las revoluciones, contesté: sí, una, queda revolucionar la educación. Habrá que volverse educados contra la educación, o contra la basura diaria que quieren instaurar como educación. ¿A qué me refiero: a que se debe ser correctamente sumiso? No. ¿Estamos obligados a guardar una compostura? Sí y tampoco. Sencillamente me refería a que la creatividad no está reñida con la elegancia, y mientras más falsamente educados somos menos creativos y elegantes seremos. Los falsos universos de la falsa educación están acabando con la espontaneidad. Para ser creativos no hay que necesariamente ser puñeteros. No confundo creatividad con creación, con arte, sé de lo que hablo cuando me refiero a creatividad y a lo principal, la creación. Nunca se es más elegante que cuando expresas tus sentimientos, airadamente, o calmadamente, pero con palabras o acciones como puñados de tierra. Dejar una huella personal en cada acto de la vida es prueba de elegancia. La verdad es lujo. Lo demás es fatuidad.

El padre de Laure Fardoulis era un gran poeta francés, a la casa asistían todos los grandes artistas de su época. Ella contaba apenas cinco años cuando Georges Bataille atravesó el salón del apartamento familiar. La pequeña Laure lo miró y dijo a su madre: “Il est mort”. Es cierto, que toda la obra de Bataille es un debate perenne entre Eros y Tanatos, mas Tanatos siempre gana. Su madre no reprimió sus palabras, coincidió con Bataille en que acababan de presenciar una de esas soluciones poética que nos brinda la vida para describir la realidad más distanciada. Esa frase irradiaba luz, y la sombra crecía al amparo de un debut revolucionariamente educativo. Hoy en día, cualquier madre, habría reprimido erróneamente, claro, esa frase; creyendo que educa, destruye. Como cuando la maestra de dibujo de la escuela le mató la manía a mi hija Attys L. de dibujar los ojos de los seres humanos a ambos lados del ombligo. O sea, lo que hacía Henri Michaux de adulto, en su majestuosidad surrealista. La madre de Laure Fardoulis supo ser brillante, y revolucionó por un instante la educación ofreciéndole a su hija la libertad de incoherencia. Lo que únicamente se consigue en absoluto estado de inconsciencia.

No me interesa la historia más que para describir mi pasión, para encaminar mi ira y destruirla, y de este modo novelar mi pensamiento. Lo crucial es no quedarme en lo pequeño, y he aprendido que la generosidad está muy bien para cuando pones el mantel, hundes el dedo en un tarro de miel, y te escribes con personas sabias e imprecisas; la precisión siempre conduce al cálculo. La escritura y el arte, ahora para mí, nada tienen que ver con ese signo nefasto de las cuentas; y un consejo: la bondad, mejor tírala al hoyo más hondo y podrido que encuentres cuando vuelvas a elegir a alguien. Desde el inicio, en cuanto se te acerque a contarte cualquier tontería emborrónalo con una mancha de tinta, exclúyelo. Sólo así la palabra retornará exhalando nuevos aromas. La certeza es boomerang. Y yo hace mucho que poseo mis palabras propias.

No añoro la certeza del día en que nací, ni siquiera me interesa ninguna partida de nacimiento que confirme nada. Porque ninguna de mis novelas nacerá de una partida de nacimiento hallada y rapiñada en un juzgado.

Supuestamente acontecí un 2 de mayo, sábado, a las 8 y media de la noche, del año 1959; en la clínica Reina, en una isla, y la milagrosa puso un ramo de rosas amarillas en un búcaro repleto de azogue. Mi carta astral sobresale con demasiadas aristas, en forma de diamante. Pero todo eso me lo ha contado mi madre, y ¿por qué tengo yo que creerle a mi madre? Sólo el misterio posee sus razones. Sólo la soledad lo anunciará, cuando te halles extraviado en la palma de tu mano, o invisible frente al espejo, si eres o no el dueño de tu rostro.

Escribo novelas para reconocerme en esas caras escapadas, y poesía para olvidarme de ellas, y alguna que otra vez cuento mi historia a través de una historia que me otorgaron cual pesada medalla, y claro que me fugo a través de tantos malditos nombres y fechas, que no me importan en lo más mínimo, aunque finja lo contrario. No resulta esencial en mi historia la autenticidad de los acontecimientos, lo esencial hasta ayer era crear alianzas, verdecer relaciones. Ya no. Hoy no. Lo más importante hoy es fortalecer la soledad, enorgullecerme de mi angustia. Nunca he leído escritores radiantes y felices. No existen, y si existieran los aborrecería. Tampoco doy prioridad a los sortilegios. Dudo de mí cuando me encuentro en estado excesivo de felicidad, pierdo compostura y sabiduría. Aunque me río con la aventura inteligente, me extasío con el optimismo de mis amigos.

Mi prioridad es este espacio, sola, y pretendidamente útil. Medio mar, medio éter.

París, 17 de mayo del 2008.


Foto: La prière de Man Ray.
# Enviado el viernes 16 de mayo de 2008 20:38
Modificado el viernes 16 de mayo de 2008 21:31

MARÍA ELENA CRUZ VARELA.

MARÍA ELENA CRUZ VARELA.
En el blog de eforyatocha@blogspot.com lean una magnífica entrevista con la escritora cubana María Elena Cruz Varela, que fue nominada al Premio Nobel de la Paz. Brillante, certera, esencial; sus palabras son un bálsamo, y una propuesta necesaria de mirada interior. Gracias al poeta Chago.
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# Enviado el viernes 16 de mayo de 2008 18:56
Modificado el sábado 17 de mayo de 2008 05:44

ORIANA FALLACI.

ORIANA FALLACI.
UNA MUJER.

Zoé Valdés.

Siempre vuelvo a leer a Oriana Fallaci, no de ahora, desde muy joven; yo tenía veinte años, y la conocí en La Habana. Leí Un hombre, un libro extraordinario sobre su amigo Alekos Panagoulis y la dictadura griega, luego Carta a un niño que nunca nació, novela publicada en 1975 cuando hervía en su punto la polémica europea del aborto, y también Entrevista con la historia, la entrevista con Yasser Arafat vale un millón. No me gustaba Arafat, era amigo de Castro y mentía; tampoco me gustaba Sharon.

He vuelto a leer los artículos de Oriana Fallaci y estoy más que nunca de acuerdo con ellos; incluso ahora la admiro más. Esencialmente porque estoy harta de lo políticamente correcto en nombre de qué. Nos mienten en nombre de un equilibrio que no veo por ninguna parte.

Si debo medir las noticias globales por lo que leo sobre Cuba, en gran parte nos juegan una mala pasada adrede.

Sólo una mujer, vital –como diría un amigo-, profundamente inteligente, que vivió lo que ella vivió (Oriana hace referencia a su vida en los tres artículos) podía escribir con tanta libertad, ira, amor, pasión, conciencia; en resumen, con tanta verdad; sin estarse cuidando de la medalla que no te darán, o de los premios que te quitarán, o de las puertas que te cerrarán, o de la pateadura que te espera al doblar una esquina por los esbirros pagados por el dictador, o la virulencia de los oportunistas.

Sólo una mujer valiente, con el coraje de salirse de todo, pudo pararse bonito y decir unas cuantas cosas. A mí también me resultó revulsivo escuchar: “¡Los americanos se lo merecen, por arrogantes!” A partir de ahí pareciera que no hay nada que discutir; no admito de ninguna manera ese antiamericanismo de a porfía, que de alguna manera le hace el juego al terrorismo, al genocidio. Con los totalitarismos no puede existir base de entendimiento.

Yo que no tengo por qué ser de izquierdas ni de derechas porque viví 35 años en una dictadura que lo confundió todo, diciendo que actuaba en nombre de la izquierda y hacía lo que nos decían que hacía la derecha: fusilamientos, desapariciones, cárceles. Y resultó que todo era eso y su contrario; o sea, supe después que la izquierda –y no sólo el comunismo- también había desaparecido gente de ellos mismos, que tienen sus víctimas. Después de eso no pertenezco a nada, a ningún partido, aunque me considero una vital luchadora por la paz y la justicia, pero también para lograr la paz y la justicia hay que enfrentarse a los dictadores.

Todo estaba claro en el discurso de Oriana Fallaci. No estamos hablando de lo correcto. Lo correcto es lo que abunda, e incluso sobra.


Foto: Tele Free.

# Enviado el viernes 16 de mayo de 2008 04:08

Clara Morera.

Clara Morera.
# Enviado el viernes 16 de mayo de 2008 03:30

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