Estoy muy agradecida de que este blog sea fuente de inspiraciones para amigos y enemigos. Parece que más para enemigos. Porque a mis amigos les sobra inspiración. Voy a contar una anécdota, para que aquellos que quieren cambiar mi historia se enteren de una vez, y para los que sencillamente no la conocen, porque en Cuba no sólo no fueron mis amigos, ni siquiera pertenecían al mundo cultural ni tenían nada que ver con la cultura, y ahora en el exilio se han querido, como por varita mágica convertir en escritores y artistas. Desgraciadamente con algunas de esas transformaciones yo, de ingenua, he contribuido. No me arrepiento.
Quiero contar que desde muy joven viví esa Habana underground. En esa Habana, y a mi regreso de París en los ochenta, conocí a Víctor Varela, asistí a su obra La cuarta pared en dos ocasiones: la obra que Ricardo Vega utilizó en su película Te quiero y te llevo al cine. Luego fui a otras obras de Víctor Varela, hermano de Carlos Varela. No sólo fui al primer concierto de Carlos Varela en el Carlos Marx, también ayudé a organizar junto a Pepe Horta, el primer concierto de CV en la sala Chaplin del ICAIC. Visité mil veces la casa de Kiki Álvarez, gran amigo, y como que Carlos Varela era su vecino y amigo, ahí nos conocimos. Conozco su música y hemos hablado mucho de ella. Él, CV, ha tomado su rumbo, nosotros el nuestro. En Barcelona una vez hablamos, nos cruzamos en una emisión de radio, y me preguntó con mucho cariño por Luna, que conoció acabada de nacer, y a la que le poníamos su música. Yo fui la primera que saqué una grabación de CV hacia Estados Unidos, y de eso es testigo Filiberto Hebra, Luis del Pilar, Gustavo Valdés, entre otros, en el año 1991. CV siempre me lo ha agradecido, aunque lo hice porque en aquellos tiempos me gustaba su música; otro cassette se lo mandé a Severo Sarduy, fue mi último contacto con Severo. El primer video clip para MTV USA se lo hizo Ricardo Vega a CV, tenemos copia del video, y una foto de la filmación se ha publicado en El Imparcial Digital de Eufrates del Valle.
El título Habáname para ser más exactos, es el título de un cuento mío que leí en casa de Pepe Horta en una noche de diciembre del año 1985 (vacaciones), con público delante en aquellas tertulias que hacíamos con Consuelo Castañeda, con Humberto Castro; sí, antes de que Wendy Guerra existiera en la vida de Humberto Castro, existió Consuelo Castañeda, una inmensa pintora, Gustavo Acosta, Moisés Finalé, Pepe Franco, la generación de los 80 se reunía allí, en casa de PH. Comentamos posteriormente que había sido una casualidad lo de Habáname como título de una canción de Carlos Varela, de su disco Como los peces (1995), al no ser que alguien le hubiera hablado de este cuento mío a CV y él lo haya tomado sin mi permiso, lo que no me importó nunca. Pero ese cuento se publicó como un homenaje oculto a Guillermo Cabrera Infante en Cuba, en Alma Mater, si mal no recuerdo, no tengo la revista, pero puedo conseguirla. Los que hablan y hablan sin conocer, y nada más que por joder, se joden a ellos mismos por ignorantes. Ni siquiera conocen realmente a quienes defienden sólo por querer enfrentarse conmigo, dios, qué afrenta. Eso, claro los engrandecen, es lo que buscan. Pero no les daré ese placer, que ya les di muchos, les di trabajo, les di atención, los recibí en mi casa. Y sobre todo les di de mi, no se lo merecían.
En cuanto al susodicho piojo, tiempo al tiempo. Igual le quito el nombre de Sarah Jessica Parker para ponerle otro nombre, pero qué pereza mencionarlo cada día. Ni hablar. Otra vez le tengo que hacer el blog a los turisteros de los blogs. Por mi parte, he terminado. Pero antes de que el piojo existiera ya yo existía como escritora, tenía una historia, real, mía, y no copiada de nadie. Por cierto, el piojo fue a mi casa a pedirle prestados mis sombreros a mi madre para su boda. Una de esas bodas cheas a más no poder. Mi madre le dijo que no tenía nada. El piojo vino a París y me tocó la puerta cuando no era nadie, ahora que se cree que es alguien ya no me toca la puerta. Por cierto, me dijo que admiraba mis novelas, que me adoraba, le regalé algunas, dedicadas. En una entrevista leí que decía que le gustaban mis poemas... y ahí se quedó. El Gabo, que es suyo, -según el piojo- le habrá bajado la orientación de que no me mencione como novelista. Yo sigo con mi trabajo.
Sólo hay que poner trampas, no falla, las ratas caen en ellas.
En la foto Ricardo Vega filmando el videoclip de Robinson, Carlos Varela.