CUMBRE BORRASCOSA.

CUMBRE BORRASCOSA.
CUMBRE BORRASCOSA.

Zoé Valdés.

Una vez más la Cumbre Iberoamericana, transcurrida este año en Salamanca, ha servido sólo para dar publicidad a la dictadura castrista, o sea, condenar el bloqueo, que no existe por demás, pues quién ignora que Castro le compra cada vez que quiere, y paga en cash, a comerciantes estadounidenses que se burlan descaradamente del bloqueo, que además es una medida contra los gobiernos que violan los derechos humanos.
Es una vergüenza, con la cantidad de tragedias políticas y naturales que actualmente viven España y América Latina, y esta gente sólo se reúne para pachanguear (a juzgar por las fotos de las risotadas de Hugo Chávez y demás), y para apoyar, eso sí, la constante desde la primera cumbre hasta hoy, a Fidel Castro y a sus secuaces. Un verdadero asco.
Hugo Chávez se permite saquear El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha para llamar "perros" a Estados Unidos. Ya me imagino yo que si fuera a la inversa, una buena parte del mundo izquierdoso se habría votado para la calle, en multitudinarias manifestaciones, para condenar el insulto. Pero como se trata del populista, cara de sartén, de Chávez, el bolivariano, perdón, el Al Quaedeano, pues faltaría más ¡a conspirar se ha dicho contra el imperialismo y el bla,bla,bla, que desde hace 46 años venimos escuchando los cubanos!
El bla,bla,bla, se ha mudado ahora a Venezuela y a España, Zapatero ha resultado ser un experto en chacharismo y banalidades, consuela saber que no nos hemos quedados solos, los cubanos, digo, al menos en ese aspecto.
Y es que con tanto "quedadito" o "gusañero" cubano, que se va de Cuba considerándose a sí mismos "emigrantes", ¡para nada "exiliados"! Que esa palabra sólo la pueden usar los que huyen de las dictaduras de derechas, por favor. Pues con tanto "gusañero" que lo mismo se proponen sacar un disco con los Estefan en Miami que irle a cantar Pérez Roque a la Embajada Cubana en París, ya no se sabe qué es lo que es bueno para el futuro del mundo, si las urnas, o poner en cada cuadra una tienda de bombas. Compre bombas made in Cuba, made in ETA, made in Al Quaeda... y así nos trazan el futuro estos descarados que viven del dinero de uno.
La Cumbre ha sido más que borrascosa, con perdón de los amantes de la novela que originalmente lleva el título, no ha servido para nada, como no sea para apoyar a una dictadura terrorista.
Por otro lado, ¡qué ganas tengo que acabe de terminar la historia con Posada Carriles! Si es un terrorista o no, habrá que probarlo juzgándolo, eso está claro. Y si Posada Carriles de verdad quiere la libertad de Cuba, a sus años, y viendo que acapara la atención y que se ha convertido en el pretexto ideal, junto con el bloqueo o embargo, de Castro, ya debería hacer unas declaraciones, o al menos pedirle a Estados Unidos, aunque sea de favor, que lo meta en una cárcel de esas tan mortales, por lo confortables, como en las que viven los 5 espías. Por cierto, uf, parece que ya se olvidaron de los 5 espías, menos mal, porque ya tenían a media Cuba borracha con esa sapingonancia.
En fin, que esperemos que vengan políticos mejores. Seamos zen. Entretanto, "España, aparta de mí (ese) cáliz"... ¡Ah, se me olvidaba contarles que anoche soñé con el Malecón habanero y las noches del Willis!

Zoé Valdés.
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# Posté le dimanche 16 octobre 2005 08:07

Modifié le samedi 12 avril 2008 18:46

EL PRINCIPE Y LA ESCRITORA.

EL PRINCIPE Y LA ESCRITORA.
EL PRÍNCIPE Y LA ESCRITORA.

Zoé Valdés.

Nunca he leído sobre un príncipe que haya encontrado a una escritora, y menos a la inversa. El príncipe es Albert II y la escritora soy yo. Atravieso una etapa de subestimación de personalidad, sucede cada vez que me trabo a mitad de una novela, el ego por el piso, entonces debo recogerlo, pulirlo, y colocarlo en el pedestal. De otro lado, me fascina la película El príncipe y la corista con Marilyn Monroe y Sir Lawrence Olivier. Pensé que este viaje eliminaría mi depresión post-literaria. Iría a una coronación, pero no hubo corona, escribiré “entronización”, aunque trono tampoco había. Advenimiento, aclaró el maletero de los vuelos Helis. En Niza se toma el helicóptero, era la primera vez que yo montaba un “helí”, como susurran los franceses, muy chic. En mi infancia pretendía ser paracaidista o astronauta, con la edad que tengo y ni siquiera había escalado a un “helí”. El maletero carga –no arrastra aunque posea ruedas- el equipaje, antes lo pasó por los rayos X. Un policía pegado a mi, no me permite mirar atrás, me sienta en la nave y aprieta el cinturón. Seis minutos de vuelo ruidoso, rutilo abstraída.
Allá, Mónaco, o Le Rocher, La Roca, El Pedrusco, en argot quiere decir El Diamante. En el mini estado de Mónaco, de 2 km2, habitan 6 mil monegascos y 32 mil residentes, el número de la carta de identidad es el mismo de la cuenta bancaria, cuentan, y cuenta. El idioma oficial es el francés, pero se habla italiano y español. No oí gritar a ninguno de los españoles que me crucé, ni siquiera tiraban un papel en el piso, es que no había ni una sola viruta de basura. Se puede comer en el pavimento, la concepción de la higiene es monumental, ni perros ni gatos. El único perro que advertí iba en brazos de su ama, en postura de niño recién nacido, igual era un niño disfrazado de perro.
Monseñor Albert II cae mal en España. Sin embargo, su Majestad reúne todos los requisitos para simpatizar con la progresía. De Su Majestad Albert II se regó que era gay, y con la movida “gayrrillera” era para que lo tomaran como símbolo. Ha sido estelar el reconocimiento de su desliz con Nicole Coste y el de su hijo, tampoco resulta apreciable, ni porque la azafata sea africana. Antes hubo otra supuesta hija, de la que se habla poco, nació en Estados Unidos, su madre es americana. No vende. Aún cuando Grace Kelly, madre de Albert, era americana, actriz de Hollywood, y su flamante figura sacó al reino del atolladero económico, brindándole una imagen moderna. Albert cae antipático a los españoles, preguntó por lo que no se debe preguntar, por una bomba de ETA. Miembro del COI, preguntar por la seguridad era su deber. Subrayó: “Lo siento por mis amigos españoles”. Pidió excusas, no estaba nervioso, el príncipe gaguea. Dejó de ser miembro del COI porque al convertirse en jefe de estado, su estatus varió.
Caminé el día anterior a la ceremonia todo el principado, no es difícil dada su extensión y el precio de los taxis. Impecable la organización. François La Malize, en bronce, el primero de los Grimaldi, en 1297, en ardua batalla, entró y venció en el señorío disfrazado de monje, es testigo de la colocación banderas y más banderas rojiblancas. Un niño correteaba por las escaleras en dirección al puerto, allí todo es subir y bajar escaleras, señaló a la torre del palacio, –sonrió pícaro- a la habitación nupcial.
Llevo noches soñando con Su Alteza Real. En uno de esos sueños, Albert bailaba un guaguancó con una rumbera de Tropicana, puro reality show's. En otro, yo era la madre de uno de sus numerosos vástagos. Así los sueños, empecé a imaginar mi vestimenta, alquilaría una tiara de Swarosky, aquella falda plateada comprada en Broadway me vendría como anillo al dedo, poco a poco fui convirtiéndome en la protagonista de mi cuento de hadas. Ni de niña soporté los cuentos de hadas, menos los de princesas en espera del príncipe azul. Nunca es tarde, recapacité, y simpaticé con el ambiente de gargantillas de perlas, reconciliada con Charles Perreault y los hermanos Grimm, ilusionada con un príncipe, así fuera rosa.
En el casino la mayoría de las mujeres llevaban guantes blancos brillosos con los anillos y las pulseras de diamantes colocados encima de ellos, se los quitaban para acaparar fichas, al rato levitaban hacia el baño y dejaban montoncitos de joyas encima del tapiz verde. ¡El miedo que me da a mí sólo deshacerme del asa de la cartera! No hay carteristas, dicen, se puede dejar la cartera en cualquier sitio, nadie roba. Sobre todo la mía, que es una vulgar Louis Vuitton. De Hermès para arriba ya se empieza a hablar en serio de carteras. Las de noche lucen incrustaciones de zafiros y esmeraldas.
Mañana siguiente, 12 de julio, diez y media en punto, me encontré junto a los invitados bajo un sol de injusticia. Ni un toldo protector. Un comedido movimiento matinal, ¿protocolo o resaca de dinero? Me situé a la sombra de un árbol perfumadísimo, para mí que de madrugada riegan los árboles con Guerlain. Un guardia, play boy gastadito, en traje negro, Armani, me interpeló: “¿A qué medio representa?” Simulé clase: “El Mundo, Yo Dona”. El Mundo no le dice nada, Yo Dona suena italiano, sonrió y halagó mi collar de perlas doradas. Confirmaba mi identidad, a juzgar por las cámaras vigilantes a estatura humana instaladas en las calles, supuse que sabía que soy cubana, nacionalizada española y con residencia francesa. “¿Cubana?” Comprendí su curiosidad, hasta yo misma no entiendo qué hace una cubana, o sea yo, en el advenimiento del monarca de Mónaco. Rectifico, ¿qué hace una escritora aquí? Para colmo, acababa de percatarme de que se me había olvidado la novela que escribía. “No estará usted muy asombrado, Tropicana actuó en varias ocasiones, y...” Interrumpió con un gesto, recibía el aviso de que se aproximaba la comitiva real. Puse carita esperanzada de Renée Zellweger en Bridget Jones, posible que yo fuese la primera escritora cubana en Mónaco. El que vive de ilusiones, muere de desengaños. El auto de Albert II pasó junto a mí, él miraba hacia el lado contrario.
Emergió, escoltado por sus hermanas, apenas volteó el rostro, dirigió sus pasos al interior de la catedral de la Inmaculada Concepción, vestía traje sobrio azul oscuro, y pisaba el tapiz rojo con firmeza. Carolina, misteriosa debajo de su pamela negra, enfundada, ¡con este perro verano!, en un abrigo de punto, guantes blancos escondían sus finos brazos, seguida de su marido color zanahoria, Ernest de Hanover. Stéphanie: huracán andrógino de los '80, la Grimaldi menor no paró de sacudir su pelo, movía la cabeza intentando liberar los ojos de la mecha rebelde.
Durante la misa el arzobispo Bernard Barsi recordó los atentados londinenses, aseguró que al príncipe le espera una delicada misión como jefe de estado, oró para que Dios acoja el corazón de los hombres y garantice sus derechos, haya seguridad y paz, prosperidad y libertad religiosa. El paraíso en la tierra, pensé. El órgano invadió el principado, entonando Voluntary de Jeremiah Clarke, tocado por el maestro René Saorgin, siguió Notre Dame de Vieux-Cours, Philippe Mazé. Admirable la actuación de los Petits Chanteurs de Mónaco, magnífica la voz del adolescente Alexandre Ferriero. Tres curas aparecieron por el costado de la catedral y dieron la comunión al público que seguía la ceremonia por la una pantalla gigante. En el momento cumbre, la bendición del soberano, silencio rotundo: Domine, salvum fac Pricipem nostrum Albertum, Et exaudi nos in die qua invocaverimus te. Monseñor Albert pegó el mentón al pecho. El arzobispo pronunció los nombres de Grace Kelly y de Rainier, enterrados allí. Stéphanie apretó la mano de su hermano, él hizo lo mismo a Carolina. Dentro y fuera de la iglesia se elevó el Te Deum de Mozart. Despedida, el órgano marcó el Grand Dialogue de Jean-François Dandrieu. En el atrio, el monarca saludó tímidamente. Descendió a la calle, paseó entre vítores: “¡Larga vida al Rey!”. Otra vez pasó casi rozándome, tampoco reparó en mí, el título de este reportaje no tiene sentido, el príncipe jamás se enteró de que una escritora había abandonado su novela por él. No me lo perdonaré jamás.
En la Gran Plaza, Albert II tomó la palabra, apenas gagueó, delineó la frase: “Dinero y virtud deberán conjugarse”. Anocheció, la familia real caminó hacia el muelle, les esperaba el apogeo de un baile popular. El Diamante centelleó iluminado por los fuegos artificiales. Mi príncipe, azul o rosa, se hizo humo en los laberintos de la memoria. En los seis minutos del helicóptero, la novela interrumpida volvió a aclararse.

# Posté le samedi 15 octobre 2005 09:57

Modifié le samedi 12 avril 2008 18:44

LA DIVINA PASTORA

LA DIVINA PASTORA
LA DIVINA PASTORA.

Zoé Valdés.

En un mes de viaje en automóvil con mi familia por España estuvimos en el Certamen de Habaneras de Torrevieja, de ahí seguimos a un pequeño pueblecito de Andalucía, entre Almuñécar y Motril, las dos ciudades grandes cercanas son Málaga y Granada. La Herradura, así se llama, está situado entre dos montañas, la playa es de chinas pelonas y se halla escoltada por ellas. Sus casas son blancas, el puerto es diminuto, el olor del pescado fresco frito sube hasta los balcones y terrazas desde los chiringuitos instalados en la orilla. Cada día hacemos algo muy diferente del anterior: una visita a la Alhambra, cuatro mil personas se disputan a diario una entrada para entrar en esta amurallada ciudad monumento, las entradas son casi imposible de conseguir, pero gracias a una señora que tiene una boutique compramos una carísima visita guiada. Después, la casa de Federico García Lorca, en la huerta de San Vicente, allí donde escribió Yerma. Otro día nos vamos a la feria o romería de Motril, y otro a la de Málaga.
Margarita y Jorge Camacho, pintor cubano él, y ella también pintora, ya casi más cubana que española, nos habían invitado a su casa en El Rocío, fue una invitación hecha en París. Los Camacho ayudaron a Reinaldo Arenas a editar sus libros fuera de Cuba, intentaron sacarlo de Cuba, antes de que cayera preso, orquestaron una campaña internacional para que el mundo supiera que se hallaba en prisión. No cesan de dedicar su empeño en publicar a Reinaldo Arenas. En invierno volvieron a su casa en París, me trajeron un video de una gran artista almonteña, Pepa Faraco, y me hablaron con devoción de La Divina Pastora, de la virgen del Rocío. Margarita nos dijo a Ricardo y a mí: “Tenéis que venir, en agosto sale la virgen del Rocío para Almonte, es una peregrinación nocturna, la llevan vestida de pastora, y esto sólo ocurre cada siete años. No quiero contarles más para que descubran por ustedes mismos”. No hay que confundir una romería con lo que es la procesión de la Divina Pastora. Esto es lo más grande con lo más chiquito.
El 18 de agosto llegamos a El Rocío, a la hermosa residencia de los Camacho. El Rocío es un pueblo también blanco, no hay calles, las casas están enclavadas en medio de un arenal, de un mar retirado hace siglos. Como dicen por allí, “esto es una marisma y nosotros somos marismeros” No hacen falta calles, es un sitio para caballos, los animales son de una belleza salvaje a hincarse de rodillas, delante de cada casa están los arreaderos para amarrar a las bestias. Un pueblo del lejano oeste, digo. No, me rectifican, el lejano oeste surgió de aquí. La arena sube por las piernas, se introduce en las botas altas, te unta el rostro, flota una luz opalina, una atmósfera nacarada.
En cada casa se preparan los festejos de la víspera, las hermandades ha venido de todos los sitios de Andalucía y de España entera. Las bandejas de jamón, de quesos, de camarones, paellas gigantes, exquisitos manjares. Vino tinto, tinto de verano, cerveza, y un néctar de los dioses, o mejor dicho, de ella, de la virgen del Rocío, de la diosa, la manzanilla, que no tiene nada que ver con la manzanilla que conocemos los cubanos. De sólo probarlo me volví manzanillera y rociera al instante:
Al caer la tarde nos vamos a la iglesia, a ver a la Señora, como la llaman aquí, a la virgen del Rocío. La iglesia no puede estar más rebosante de gente, miles de personas merodean por los alrededores y dentro hay cientos. Por fin me encuentro frente a ella, y mi cuerpo se estremece, me erizo. Es preciosa. Si me resulta casi imposible describir la belleza de su rostro, peor lo tengo para archivar los comentarios de quienes vienen a admirarla vestida de pastora. Tiene la cara muy blanca, la mirada hacia abajo, la barbilla en gesto de agradecimiento, emana una luz hechizante, entre sus manos lleva al niño, que llora. A los rocieros no les gusta que se le vaya su virgen. Se la llevarán a la iglesia de Almonte, allí se quedará por seis meses, la traerán de vuelta en el mes de mayo, pero esta segunda procesión es diurna. Una mujer junto a mí le comenta a otra: “Pobrecilla, tiene ojeras”. Otra responde: “Está paliducha, ha adelgazao”. Una más allá le grita, mirando a la santa como si hablara con una vecina: “¡Rocío, chiquilla, guapetona!” Lo profano roza lo sagrado, como en Cuba, sólo que aquí hay libertad.
El camino son 15 kilómetros a pie, por los arenales húmedos, encharcados. “Hay que tener fe para hacerlo”, me dicen. La gente le da vivas una y otra vez. En la procesión antes de cenar, encabezada por los curas y el alcalde, los hombres sacan arcabuces y trabucos. Tiros al aire. Juan Villa, un novelista que ha escrito una novela que transcurre en Doñana, en la época franquista, me entrega su arcabuz. Disparo cuatro veces al aire, y le pido a la Divina Pastora en voz baja mi mayor deseo, mi secreto.
Nos vamos a casa del pintor Diego Luis, magníficas sus vírgenes. Ambiente familiar que me recuerda los buenos tiempos cubanos. Su mujer y sus hijos harán el camino, sus rostros resplandecen de sinceridad. La cantante flamenca Tina Pavón nos acompaña, una mujer que posee una voz de morirse. Nadie duerme, la fiesta durará dos días, hasta que se la trasladen a Almonte. Después el pueblo queda callado, desierto. Los trabucazos y los arcabuzazos no paran, sólo un instante al amanecer, luego continúan. Le preguntamos a una muchacha si hará el camino: “A la Señora no la podemos dejar sola con tantos hombres”.
Al día siguiente, en la iglesia, el ambiente es de frenesí, la cera de los cirios chorrean hacia el exterior, en río hirviente. En la misa se cantan sevillanas, seguidillas, los rostros sonríen alborotados. Ahí está ella, todavía más bella que ayer, y sin embargo nadie la ha retocado. Le comento a Margarita: “Hoy está más sonriente”. Y me contesta: “Ya caíste en el embrujo rociero”. Pues sí. Muchachas y muchachos trotan a caballo. Los hombres apuntan al cielo, disparan, la pólvora te cae en el pelo, se te cuela en la nariz, los fogonazos encandilan. Hago la pregunta que no se debe hacer, ¿a qué hora la sacan? La camarista, la señora que se ocupa de vestirla, la única que puede tocarla, Ana Morales, me responde que eso nunca se sabe. Nadie lo sabe. La casa de la camarista está llena de gente, vienen a ver si pueden llevarse un trocito de vestido de la virgen, pero la camarista no se lo da a cualquiera. Ana Morales es una mujer silenciosa, los ojos enrojecidos de tantas noches de desvelo. Es la única que habla con la virgen. Dicen que cuando la virgen se va, ella cae en cama durante cuatro meses, enferma de tristeza. Margarita me presenta, ella se pierde por la puerta de su cuarto, regresa con un sobrecito, dentro hay unos trocitos de tela, ¡del traje de la santa!
Nadie sabe a qué hora sacarán a la Blanca Paloma, como también la llaman. Los hombres esperan a sus pies, ansiosos, sufrientes, dominados. Hay una relación de conquista amorosa, de rapto erótico, entre ellos y su novia. Los extranjeros no pueden tocarla. Juan Carlos y Mari Ángeles, rocieros de pura cepa, me cuentan que todo depende de un signo misterioso. ¡Si el rostro de la virgen se ruboriza allí irán ellos a rescatarla! Es la razón por la que están todos ahí, a sus pies, sudados, en trance, los ojos vidriosos, enamorados. A una señal, siempre súbita, los hombres saltan la reja, y se apoderan de ella, la sacan de la iglesia a pasearla por todo el pueblo. Ella sale cuando ella quiere, a ella la sacan cuando ella lo pide, ella manda. Ella va por donde ella quiera.
La hermandad de Huelva se pone a bailar sevillanas, una niña de alrededor de quince años baila como una salación, descalza, le gritan ¡guapa, guapa, guapa, bonita, bonita, bonita! ¡Y no tiene novio! Exclama el padre, un tremendo bailaor. De súbito, campanas, la gente corre hacia la iglesia en grupos dispersos, el polvo sube, y los comentarios: “¡Rocío, no te vayas, mi alma! ¡Viva la Blanca Paloma!”
La virgen vuela, parece que baila en andas, una marea de rostros sumergidos en el placer volcados a sus pies. Los hombres van de un lado a otro, en un baile inusitado, un bamboleo rústico, y al mismo tiempo elegante. El trayecto no es recto, ella avanza y retrocede, porque ella es la que lo ordena. Llevarla es como penetrarla, ¿o es ella quien penetra? La relación es totalmente orgásmica. Al salir de debajo de la Divina Pastora me pregunto si cada uno de ellos no habrá tenido un orgasmo, las pupilas dilatadas, la sofocación y el mareo los propulsan a la marea humana. Los padres acercan a los bebes para que le toquen el manto, los recién nacidos pasan de mano en mano, algunas niñas vestidas de flamencas. Llanto, risas, reclamos. “Usted ya puede ponerse debajo, ya usted es de nosotros” Le dice un señor a Jorge Camacho, los ojos llenos de lágrimas.
Una vez en la glorieta, la camarista sube a colocarle el pañito en la cara, un velo, una manta de aldeana y un capuchón. En la glorieta la esperan decenas de hombres, embrujados, sólo la camarista puede sacarlos de allí, empujarlos, incluso sacan al cura. Ella, la virgen del Rocío, sube en andas: “¡Viva la virgen del Rocío! ¡Guapa, guapa, guapa! ¡Viva la Blanca Paloma!” Miles de personas, se estima que este año vinieron 800 mil, le rezan a coro, le cantan, le susurran. La camarista inicia el ritual de vestirla. Al amanecer, Ana Morales, que ha hecho el camino, le quita el capuchón, allá en Almonte, con el primer rayito de sol le quitará ella misma el velo de la cara, los hombres esperan este momento con una vehemencia de amantes. El velo puede tener la inconsciente significación del himen. Los rostros destilan euforia, pasión, llueven los pétalos de rosas de los balcones de Almonte. La Divina Pastora va y viene, el público abarrotado la rodea. No hay un solo incidente desagradable. Desde el alba la gente la sigue, finalmente entra en la iglesia a las 12 menos veinte. En el atrio la esperan cientos de hombres, toscos, apuestos, unos machos de apaga y huye. Son quienes la colocarán en el altar. Y ahí se deja llevar la santa, sin embargo, es ella quien lo pide, es siempre ella quien manda. Ana Morales nos da a besar el capuchón a Margarita y a mí, un auténtico honor. Una almonteña exhibe a su perrita disfrazada de andaluza.
Los festejos continúan, nos retiramos por una calle estrecha. Pido ir de nuevo, como hice ya una vez, a la plaza donde está el célebre retrato de Gertrudis Gómez de Avellaneda, allí vivió ella, La enamorada de Almonte, como firmaba, amante de uno de los hombres más ricos del pueblo, de su Cepeda, que nunca la quiso. Todavía los descendientes de Cepeda viven. De ella quedan sus palabras, y esa imagen, con su vestido amarillo, semejante a una Oschún pensativa.
Pasamos por casa de Pepa Faraco, sus padres y sus hermanos nos reciben con mucho cariño. Pepa Faraco es una tremenda cantante de bolero flamenco. Ojalá un día podamos verla en Café Nostalgia. Su dulzura es la dulzura de una virgen. Con perdón de la Divina Pastora, que como ella no hay dos.

Agosto, 2005.
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# Posté le samedi 15 octobre 2005 09:52

Modifié le samedi 12 avril 2008 18:43

LA CARICIA DE UN LINCE.

LA CARICIA DE UN LINCE.
LA CARICIA DE UN LINCE.

Zoé Valdés.

Volví a Miami un martes por la tarde del último caluroso mes de junio. Antes de colocar mis maletas en el hotel, me detuve en la calle Ocho, que inevitablemente me pone el pálpito en mi engurruñado corazón habanero, aunque ya también europeo. Pasee curiosa por las galerías plenas de recuerdos pintados, y de ahí a la morada de un lince: Pepe Horta en su Café Nostalgia.
Este verano pasé mis vacaciones en Andalucía, recorrí casi todo el sur de España en automóvil, y para nadie es un secreto que soy una enamorada del parque natural Doñana, donde sólo quedan 199 linces, ya que acababa de morir uno. Si a Doñana le quedan 199 linces, a Cuba le queda sólo uno, vive en el exilio, en Miami Beach, y es un hombre que desde que lo conozco, hace ya más de veinte años, no ha parado de generar ideas y proyectos artísticos. Pepe Horta llegó al exilio miamense en 1994, y al poco tiempo inauguró un fenómeno que muchos han intentado copiar después, con más o menos éxito, el cinema-café, centrado en la nostalgia musical, creativa y generosa, en las refinadas y poéticas imágenes de los músicos del pasado y del presente, en el anhelo de abordar todos los géneros, desde los más antiguos hasta los más modernos, y en la amabilidad que concentra aquella frase de José Martí: “el hombre vive de darse”.
El nuevo Café Nostalgia se halla situado a pocos pasos de la playa, no es tan pequeño como el de la calle Ocho, ni tan espacioso como los demás, yo diría que tiene la justa medida para bailar, enamorarse, y conversar entre amigos. La decoración sigue la línea y el buen gusto de los anteriores, con una calidez sobria y elegante, sin la sudadera de la estrechez, ni la majomía de los salones de baile, que para conversar hay que enviarse e-mailes. El nuevo Café Nostalgia te acaricia el rostro con un halo cariñoso, y ahí en la puerta está su dueño, esperándote, cerrado en negro Armani, es su ritual de lince, y te abre los brazos, y te susurra discreto: “bienvenida a la nostalgia”. Y te saca a bailar, con esa dulzura entrañable enlaza tu cintura y marca, tierno, el primer paso de un clásico danzón, o, para ser sinceros, también te invita a perrear con un reggaetón made in Miami.
En el escenario se despetronca Yamilé, enfundada en unos jeanes Cavalli, es una trigueñota de lujo, el doble de Sandra Bullock, aunque más hermosa, pero sobre todo es la musa de Café Nostalgia, la prima de Pepe Horta, una joven luchadora, de un gran sentido del humor, sumamente servicial. Una futura lince que va armándose con gotas de pasión y de pureza. Un pájaro libre que extiende sus alas en las fabulosas noches de Café Nostalgia y cobija la belleza de un bolero, el estrépito de una rumba, el presentimiento de un cha cha chá, en el vaivén de su ombligo.
Los lugares míticos, los célebres cabaret's del mundo entero, generalmente han sido el fruto de una persona, o de un grupo pequeño, que no sólo han sabido inventar el sitio, además ha conseguido rodearlo de misterio, han seducido a un público fiel, y sin embargo no han perdido el hechizo que atrae a otro tipo de cliente, añorante de conocer nuevas situaciones, distintas, algo que no se parezca a nada. Y eso lo conserva Café Nostalgia como nadie, es el mismo y al mismo tiempo se renueva cada vez. Pero sobre todo, no se parece a nadie ni a nada. Y va dándole esquivazos a las ideas preconcebidas o demasiado manoseadas. Porque entre Café Nostalgia y la gente se crea al instante una relación que no sólo pasa por la música, el traguito, y el remeneo, además hay una comunicación honda entre amor y creación. Recuerden que ésa siempre ha sido la divisa de Pepe Horta: “No se puede crear sin amar, no se puede amar sin crear”.
En cierta ocasión, en uno de los inviernos parisinos, Pepe Horta rediseñaba su próximo Café Nostalgia en voz alta, y de pronto me dijo: “Un gong, necesito un gong chino”. Pensé que deliraba. Llamó por teléfono a un amigo, en New York, que le envió semanas más tarde un gong chino auténtico.
No me sorprendió nada, entonces que a las tres de la mañana, sonara el gong chino en Café Nostalgia, y se repartieran bullentes sopas de pescado en marmitas laqueadas de rojo punzó. “Un remedio eficaz contra la ebriedad”, comenta alguien. Antes, en Cuba, la gente se quitaba la borrachera con una buena sopa asiática de pescado.
Pero sin duda alguna, lo mejor de Café Nostalgia ha sido siempre su música. Desde los tiempos de la primera orquesta hasta hoy. Y lo que Miami tiene que agradecer a Café Nostalgia es que mientras en cualquier parte se baila a golpe de repetitivas grabaciones, en la guarida de la nostalgia, hay música en vivo, con sus músicos que cada noche regalan verdaderas obras únicas, incomparables interpretaciones, sus improvisaciones suelen ser joyas imperecederas de la noche miamense. Para comprobarlo hay que escucharlos y bailarlos, nunca repiten lo mismo, y siempre van a darlo todo, a entregarse cada vez con el alma repleta de deseo, con el corazón, como dice la canción.
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# Posté le samedi 15 octobre 2005 09:40

Modifié le samedi 12 avril 2008 18:41

COINCIDENCIAS PREVISIBLES

COINCIDENCIAS PREVISIBLES
COINCIDENCIAS PREVISIBLES.

Zoé Valdés

¿Qué tienen en común el incendio de Guadalajara donde once bomberos perdieron la vida, el libro Salvador Allende: contra los judíos, los homosexuales y otros “degenerados” y el devastador ciclón Katrina?
Voy a explicar en qué se parecen estos hechos aparentemente sin ninguna relación, es simple: El punto en común, la cuerda invisible que los une, es: la indiferencia de los intelectuales y artistas de la izquierda española, y de esa rémora latinoamericana que todavía se inventa curriculums de cárceles y dictaduras para sacarle dinero al contribuyente español.
Hasta ahora, que sepa yo, ningún artista e intelectual simpatizante del zapaterismo se botó para la calle a protestar contra la reacción tardía del gobierno en la tragedia de Guadalajara. No hubo Nunca Máis, ni ningún artistaje que se le pareciera. O sea que para muchos de ellos valen más unos cuantos pescados y unos cuantos pájaros que la vida de los seres humanos. Yo lo siento, me conmueven más once bomberos asfixiados y diecisiete militares estrellados que la idea de comer pescado y ave sabrosos y sin contaminar. De paso, tampoco nadie los vio movilizados cuando la tragedia del Carmel en Barcelona, donde tantas familias perdieron sus casas. Allí también, las autoridades del gobierno no se portaron por el lugar en tiempo y en hora, y aún quedan muchas zonas oscuras. Pero ya la mayoría se va acostumbrando a las zonas sombrías, desde del 11 de marzo del 2004 no ha sido de otra manera.
Resulta increíble el silencio o mentiras urdidos en torno a una revelación sumamente importante, el contenido del libro de Víctor Farías, profesor y ensayista chileno, sobre el evidente fascismo de Salvador Allende. Comenté el libro con un compatriota del autor, que me corrobra que todo el mundo lo sabía, que se hacían de la vista gorda. El libro, editado por Áltera, constituye un análisis exhaustivo de la tesis Higiene Mental y Delincuencia, con la que obtuvo el título de médico cirujano de la Universidad de Chile el ex presidente socialista. Durante su gobierno, Salvador Allende, dio protección a uno de los más connotados criminales nazis, Walther Rauff, “responsable directo del asesinato de 100 000 judíos y creador, por encargo de Eichmann, del sistema de los camiones del gas con que se exterminó a medio millón de seres humanos”, cito el prólogo de Farías. En este revelador libro descubrimos verdades tales como que “el creador del Partido Socialista de Chile, Marmaduke Grove, era regularmente pagado por el Ministerio de asuntos exteriores nazi”. Salvador Allende, no sólo hizo una tesis fascista, además la puso en práctica cuando fue ministro de salud pública en su país, en el año 1939 Hans Betzhold, la autoridad más referenciada por la eugenesia en Chile y un admirador empedernido de la eutanasia nazi, (vaya coincidencia, la eutanasia, tema tan recurrente en la progresía intelectual y artística española de los últimos tiempos) reconoció el enorme apoyo legal que obtuvieron con Salvador Allende al elaborar este un proyecto de ley de esterilización, tipo nazi. Pero en la tesis y puesta en práctica de Allende, lo curioso es que arremete contra todo, su programa es el de un fascista nato, convencido, con una concepción determinista de la psiquiatría que promueve tratamientos y operaciones quirúrgicas gravemente lesivos para homosexuales, epilépticos, débiles mentales, alcohólicos... Escribe Allende: “Los hebreos se caracterizan por determinadas formas de delito: estafa, falsedad, calumnia y, sobre todo, la usura (...). Estos datos hacen sospechar que la raza influye en la delincuencia.” Y tira contra los gitanos, y tira a matar contra homosexuales y alcohólicos, aconseja inclusive una operación donde al cortar dos trocitos de testículos y coserlos junto al ombligo, ¡se cura la homosexualidad! Leemos también: “El antisemitismo extremo que aquí se hace visible debería entenderse a nivel personal por eventuales contactos de Salvador Allende con su primo hermano Tomás, diplomático chileno, padre de la escritora Isabel Allende y figura prominente del Partido Nazista Chileno”. Para aquellos que deseen quitarse la venda de los ojos, lean este libro, encontrarán también la extraña fascinación que ejerció Hitler en algunos pichones de socialistas de la época en América Latina, uno de ellos el joven Fidel Castro, cuyo libro Mi Lucha subrayó y acotó en cada línea con ferviente devoción. Pues bien, las reseñas, críticas, y demás, que deberían ser muchas en la prensa, han sido más bien pocas y tibias, cuanto más fraudulentas: alegan que al libro le faltan datos, lo que es falso. El libro Salvador Allende: contra los judíos, los homosexuales y otros “degenerados”, de Víctor Farías, apuntala y reafirma cada párrafo con una referencia directa, escrita de puño y letra por el propio Salvador Allende, o por estudiosos de la presencia nazi en Chile. La izquierda ha mirado de nuevo hacia otro lado, haciéndose los chivos locos con esta publicación.
El ciclón Katrina arrasó Miami, no con la misma fuerza que lo ha hecho en Luisiana y Nueva Orleáns como hubieran deseado algunos, pero las pérdidas han sido espantosas. Para unos cuantos dio igual, quizás deseaban que desapareciera Miami del mapa. Aún no podemos calcular definitivamente la tragedia de Luisiana y de Nueva Orleáns, pero se habla de 10 000 muertos, de cifras escandalosas de desaparecidos. Se dice que el agua ha sumergido a una ciudad entera, perdida por un buen tiempo. Ninguno de sus habitantes podrá regresar. Las imágenes dan escalofríos, los rostros desfigurados por los lamentos, el llanto, el desamparo, la mayoría negros, los más pobres. Si la ayuda tardó en llegar, -Martin Savidge, periodista americano, expresó: “This is not Irak, this is not Somalia. This is home”- también tardaron los gestos de solidaridad por parte de los izquierdistas europeos, y eso que se trata de gente pobre, de piel negra.
Desde el 11 de Septiembre pudimos observar que cuando se trata de tragedias americanas a los izquierdistas les da poco frío o calor. O sea, se trata de la cosa, o síndrome fascista, que regresa tapiñada en una ideología de antigualla. El que se ha dignado a ofrecer 1 100 médicos es, adivinen: Fidel Castro. ¿Médicos o espías? Imagino que a estas alturas todos los médicos cubanos, absolutamente todos, le han puesto una vela al santo, y si no lo son, se meterán a espías.
¿Qué tienen en común todos estos acontecimientos? Vuelvo y repito: A la izquierda le duele lo que le conviene. Y cuando no hay dolor, lo inventa, o lo que es lo mismo, lo crea.

Zoé Valdés. La eternidad del instante, premio Torrevieja de novela. Lobas de mar, premio Fernando Lara de novela.

# Posté le samedi 15 octobre 2005 09:36

Modifié le samedi 12 avril 2008 18:40