Y seguimos con una excelente novela, Con las alas puestas, de Eduardo Felipe Núñez, que es el nombre real del autor. Esta novela la he disfrutado muchísimo, porque es de esas historias con las que te matas de risa, pero en algún momento la risa se te convierte en llanto. Una historia redonda editada por Trafford Publishing, 2007, Estados Unidos.
Eduardo Felipe Nüñez se graduó de Profesor Superior de Lengua y Literatura Española en la Universidad de La Habana. Enseñó Literatura y Crítica Literaria en la Universidad de Camagüey y más tarde fue Especialista Literaio para el Ministerio de Cultura.
En 1987 emigró a Estados Unidos donde obtuvo una Maqestría en Arte y Literatura en la Universidad de Tulane. En 1989 se radicó en Miami donde ha enseñado en la Universidad Internacional de la Florida, en el Miami Dade Community College y en el Sistema Público de Educación. En el año 2000 obtuvo un grado de Especialización en Bibliotecología de la Universidad de Nova.
"La búsqueda de la libertad, del amor, así como de la identidad sicológica, sexual, en suma, humana, guían el vuelo de Toni Pavlova, pintor, bailarín, travesti y personaje central de Con las alas puestas. El recorrido comienza en la Cuba de los años cincuenta, pasando luego por Madrid, París, Sur América, New York y Miami, con una escala en La Habana del período especial. Más que una novela, esta es la crónica de una vida marcada por la tragedia de un doble exilio: el de la patria y otro, no menos doloroso, el de saberse parte de un mundo a veces rechazado y otras incomprendido. A pesar de ese halo trágico, el autor nos sorprende con un profundo sentido del humor y una prosa ligera, sutil y bien manejada que hacen de esta obra una joya de cubanía y universalidad y un regalo para los amantes de la nueva narrativa. Este libro, que el lector no podrá abandonar más que con las alas puestas, vuela con las alas extendidas."
Una novela que recomiendo mucho. Creo que Isis Wirth la disfrutará más que nadie. Este es el comienzo:
"De niña siempre quise ser bailarina. Me imaginaba volando por los aires en brazos de un príncipe musculoso con una sonrisa Colgate y un paquete tremendo del que yo no podía despegar los ojos. Lo veía todo de lo más clarito, con una música de fondo de esas empalagosas, algo así como un preludio y muerte de Isolda, en versión de Waldo de los Ríos. Había mucho rosado, humo, plumas y yo muriendo y resucitando un millón de veces en brazos de mi galán."
¡Léanla!