EN A MANO LIMPIA, DE OSCAR HAZA.

Explicación de la tortura en Cuba.

# Posté le lundi 28 juillet 2008 20:20

EN A MANO LIMPIA, DE OSCAR HAZA.

El periodista dominicano Oscar Haza presenta en su emisión a dos personas que explican las torturas, los fusilamientos y los asesinatos en Cuba desde el año 1959. Al doctor Milton Castillo, y participa en este programa una hija de fusilado, Mariana Vázquez, que también dio su testimonio en el documental Adiós a papá, de Luis Guardia. Bravo por Oscar Haza, menos mal.

El video fue tomado del sitio Baracutey cubano, blog.

# Posté le lundi 28 juillet 2008 20:12

Modifié le lundi 28 juillet 2008 20:31

Fabián Cerredo (1957-2005).

Fabián Cerredo (1957-2005).
FABIÁN CERREDO: SOBRE LAS AGUAS DEL ESPEJO.

Zoé Valdés.

“Sobre las aguas del espejo,
breve la voz en mitad de cien caminos,
mi memoria prepara su sorpresa:
gamo en el cielo, rocío, llamarada.”
José Lezama Lima.
Una oscura pradera me convida.

La naturaleza, el hombre, los diálogos entre los humanos, los pájaros y los dioses, la literatura, el desarraigo, el peso del siglo, la identidad, y la memoria, amalgamados en una trayectoria fantástica que se anunció en la infancia, la presencia indeleble de la escuela de pintura, y París, y la poética del mundo, conforman el vasto panorama de búsquedas y hallazgos que nos brinda la obra de Fabián Cerredo.

Los trazos y los colores nos previenen que iremos hacia aguas espejeantes y que viajaremos también en un vaivén de espumas espesas, y ajenas, que calmarán la sed de los tigres, y nuestra sed, súbita en la mirada de los delfines. La lejanía no permitirá que las frutas de la memoria pierdan el vigor, porque los espíritus de las islas, y del mar que las rodean, y de los ríos dulces, y del fuego, y de la selva, o de la manigua, las nutrirá de sueños fundacionales, en esta pintura que camina sobre vidrios.

¿Qué ha fundado Fabián Cerredo además de un nuevo idioma para traducir la distancia? Un sentimiento de cercanía del contrario, juntos, sentados en un aparte con su identidad, solos en el parque que cada quien se han inventado para recordar. La identidad en su pintura es el contrario, en un espacio trágico, y el inventario del deseo en sus manos. Observamos y empezamos a interesarnos, a reflexionar en la procedencia, de dónde venimos, quizás de un cuento de lo real maravilloso, o del realismo mágico, en ese ajiaco rico y profundo del Señor Barroco Americano, que diría José Lezama Lima. Transculturación de imágenes que se bifurcan en un solo plano, aunque unidos, pero no revueltos, como dice el refrán. Contemplamos y nos reconocemos en la sensibilidad de los mestizos que comparten nacimiento común en la raíz de todos los mestizajes posibles, y en la diversidad que bulle en los nervios, en las arterias contenidas, al fuego de la idiosincrasia de los pueblos. Alimentados por siglos de percepción, acunados por fenómenos animistas, y rituales de vida, mezclados con la investigación, la pasión de la razón, e inagotables metáforas inimaginables.

Sería reductor encasillar o marcar dentro de un movimiento pictórico, o en una época, o en un estilo, y ni siquiera tendencia, la obra de Cerredo. Su obra está a la altura de un Wifredo Lam o de un Roberto Matta, quienes sobresapasan cualquier intento de clasificación debido a su telúrica fuerza creadora. La pintura no significó para ellos exclusivamente una forma de pintar. La creación la concibieron como una manera de vivir la vida con arte, como en el caso de Remedios Varo, y de otros surrealistas, su poesía viene de tierras mojadas, espejeantes, donde la vida cotidiana refleja lo complejo de la belleza, y el absurdo contrario a esa perfección, que es también el discurso de la materia revolcada en la inteligencia. Su pintura es espesa, decía al inicio, adobada inclusive con el inmovilista oscurantismo mágico, pero también con la riqueza cosechada en la mente de esa magia ancestral. Cerredo supo transformar su realidad de origen, en reflexión distanciada pero evocadora, y creó una relación esencial y al mismo tiempo extraña, entre la percepción de los instintos y la significación de la sabiduría desgajada de las sensaciones. Cerredo supo contar con la pintura, con la textura, su historia, nuestra historia.

En su obra la identidad también es válida en la perturbación que nos provoca cuando interrogamos nuestra procedencia, y cuando funda desde la nada, desde el vacío, en la esfera de lo universal, la poesía de las esferas, de Salinas, una imagen de la nada como si estuviera rellenada con un todo fugaz, que es la duda. Pareciera como si Cerredo nos dijera que sólo partiendo de la duda conseguiremos abordar aún otra duda más grande, honda y seductora, que invariablemente tendremos que tocar con la punta de una lanza, de hierro candente, el misterio del nacimiento. Y otra vez nos interroga al borde de la cumbre, la cumbre de las raíces.

El proceso del arte de este pintor es estar sin estar, y no estar definitivamente, un pie en la imagen y otro en el peligro, permanecer en la sombra, fundirse con la luz. Fugado en la penumbra, y de ese viaje infinito, un poco inestable en el agua espejeante, surge la imagen fluyente e influyente, enriquecida de mitos, de filosofía, en perenne transformación y variación de sus temas, en constante peregrinaje, en mitad de cien caminos, firme en la guardarraya donde la memoria inaugura su sorpresa.

Me cautivó el atrevimiento de Cerredo, la audacia de representar lo visto y lo no visto, de engendrar las miradas perdidas o tropezadas en paisajes subjetivos. En su caso, el paisaje reminiscente es el siglo, la maternidad, y la muerte finisecular. Puro juego de vida, conciencia, y misterio. Fuga, huída hacia la verdad, desde la reafirmación personal de lo oculto, su adoración por la lectura, experiencia única donde vuelve a capturar la autenticidad de la brevedad. Breve, eso es, en ocasiones, cual llamarada que corona el incendio de un cañaveral. Hermético y extenso en otras, como papiro de poesía persa. La pintura semejante a la literatura, no culminó en los nombres, en nombrar las cosas, persiguió el reconocimiento de la estela que dejaron las huellas de las cosas. Descubrimos mucho en la pintura de Cerredo, no es poco un continente que se desliza por el mundo, como nave de locos audaces, y ya sabemos por José Martí, y por José Lezama Lima, dos poetas inmensos, que los locos somos cuerdos.

La hazaña intelectual en Fabián Cerredo se produjo precisamente en su ambición fabulosa de desordenar los órdenes, de ir de la flor a la corola, y en quedarse sentado en la cresta de una ola, a escuchar una nueva vuelta de los remos, en un eterno regreso esperanzador. Su barca rielaba a contracorriente, a la inversa de cualquier pronóstico aterrador. Con las obras suyas, que admiraremos hoy y que admiraremos siempre, se abren múltiples vías hacia la razón desde la poesía, porque en él vibraba intrínseco ese carácter de anhelo poético de la humanidad de palpar la eternidad. Lo que demuestra que yendo hacia atrás en una caricia con la palma de la mano, podríamos ser los primeros en redescubrir su trazo, recorriéndolo con los pies húmedos en lento ascender hacia el pasado.

Voluptuosidad, análisis y calidad de la elegancia, traductor y protagonista privilegiado de los dolores y angustias del mundo. Él lo sabía, él vio el milagro de la pintura derritiéndose en sus venas. Consiguió como nadie parafrasear a Claude Lévi Strauss, al recordar que pensar e imaginar una flor específica de un lugar determinado y perdido del planeta, no es lo mismo que estandarizar el recuerdo de lo ordinario del concepto de flor, porque sabía que la interpretación siempre pasará por el olor, el tacto, la vista, los sentidos latiendo caóticos en el trauma de la memoria de un individuo, de un pueblo, de la historia, de la cultura, luego rescatada para su justa dimensión universal, que merece si duda, la obra de Fabián Cerredo, que siempre prepara su sorpresa: gamo en el cielo, rocío, llamarada.


Prefacio al libro dedicado a toda su obra que acaba de salir editado en Francia.


# Posté le lundi 28 juillet 2008 10:22