MARIO TORROELLA:
EL OBSTÁCULO Y EL LÍMITE.
Zoé Valdés.
La pintura de Mario Torroella es una contestación radical de la relación que cada cual mantiene con el mundo visible y los obstáculos. El ha mostrado, a través de su obra, no solamente que se podía muy bien realizar un cuadro bello con la cabeza de un chivo, si no que además ha inventado una visión del límite donde la diferencia entre lo que es exterior y la barrera interior del artista deja de ser evidente para convertirse en el hilo invisible del equilibrista.
Desde de sus comienzos en el Grupo de los Once, Torroella pinta lo que le obsesiona, es decir, primero que nada a sí mismo; como chivo expiatorio de íntimas elucubraciones. La conciencia de la imagen deslindada del cuerpo, tomando la revancha ante las visiones de su tierra natal, arruinada y maldecida. Torroella reconstituye objetos y figuras partiendo de los recuerdos de infancia, los rostros amarillentos nadando en el agua de la memoria. El pintor persigue de manera meticulosa la concentración de su pensamiento en el límite de la tela.
Mario Torroella es uno de los artistas de mayor envergadura en el amplio, aunque no siempre extraordinario, panorama de la pintura cubana actual. Es uno de los que reafirman la realidad de un arte moderno, capaz de extenderse bordeando los obstáculos o brincando como el chivo por encima de ellos; y además, de perturbar, en el sentido caótico del cosmos, el vasto y organizado campo de nuestras percepciones.
Esa tensa relación entre forma y sentido genera crisis de duda. Y la verdadera inteligencia estará siempre inspirada en la duda y en la ironía. Torroella pinta como si conversara, transparentando episódicamente severos propósitos y una humildad que no apunta a la táctica ni a ninguna estrategia de ambicionar parecer accesible. La cabeza del animal sobre el picador, en espera de ser cortada, es una cita eficaz entre la profundidad de la muerte y la textura del alquimista. O más bien, del monje que esconde debajo de la sotana un coágulo envuelto en un papel de periódico.
Mario Torroella es también el artífice del riesgo en privado. Pintar le concede un pudor difícil de hallar en estos tiempos de alharaca y desmesura. Sus obras dan la ilusión de la sinceridad y del toque de distinción.
Foto de la obra, de la colección personal de Zoé Valdés.











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